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SOSTENER EL VACIO
Por
Maria Belén Zannier |
De la Redacción de Plano Azul
Archivo: Publicado en Octubre de 2008
Recientemente abrió sus puertas la muestra
“Sostener el vacío”, en el Centro
Cultural España Córdoba. Dicha exposición
comprende obras de artistas como Hugo Aveta, Jorge Martín,
Gerardo Repetto, Soledad Sánchez Goldar, Ana Gilardi,
Ilze Petroni y Manuel Pascual. Esta muestra se constituye
como el exitoso corolario del Primer Concurso de Curadores
Noveles denominado “Híbrido y puro”, un
certamen cuya convocatoria giró en torno de obras que
denotan una mirada sobre 10 años de arte en Córdoba.
La ganadora del concurso y curadora de “Sostener el
vacío”, Marcela López Sastre,
quien se radicó varios años en Córdoba,
proveniente de Salta, dialogó en exclusiva con Plano
Azul acerca de la importancia de estos dos eventos
artísticos.
¿Cuál es su opinión sobre el
proyecto “Híbrido y puro”, del CCEC?
Me pareció un proyecto muy interesante, con una transparencia
notable respecto al manejo general y a sus objetivos en particular.
Haber programado desde el CCEC un proyecto que apoye la formación
de jóvenes curadores es algo sumamente necesario, ya
que el rol de curador se está ejerciendo con mucha
visibilidad y es importante fortalecer los límites
de esta figura dentro del campo del arte. De esta manera el
CCEC se hizo eco de una necesidad muy actual y trabajó
concretamente en ese sentido. A su vez, es necesario recalcar
que no hay ningún otro apoyo de este tipo respecto
a la curaduría, sumado a que no existe mucha oferta
educativa formal para estudiar esta profesión.
Para mí ha sido un placer saber que mi proyecto había
sido elegido por el jurado invitado, ya que no hubo vínculo
directo con ellos y eso implicó que lo eligieron por
sí mismo; esto para mí es muy importante ya
que delata la transparencia de la elección.
¿Cuál es el origen del nombre del proyecto
y posterior exposición “Sostener el vacío”?
Todo el proyecto se basa en el reconocimiento a la continuidad
de producción de los artistas que invité a la
muestra; ellos representando a tantos otros que eligen hacer
algo que saben que en lo cotidiano no les resuelve muchas
faltas, pero que vienen sosteniendo de la mejor manera posible
a lo largo del tiempo y las circunstancias. El vacío
es el contexto: el escaso coleccionismo, el reducido mercado
de arte, la realidad. Este vacío se sostiene con permanencia
y calidad, pero yo intento rastrear de qué se alimenta
esa persistencia. Mi invitación a estos artistas parte
desde ciertas referencias a espacios autogestionados a los
que ellos de alguna manera estuvieron ligados, éstos
en el año 1998 produjeron y evidenciaron una realidad
del lenguaje fotográfico como obra que superaba la
filosofía de la técnica trabajando en la narrativa
de la imagen. “Azul de Tocar” desde la reflexión
del proceso creativo, “El Faro” desde la instalación
lumínica en espacios públicos y privados, “Cielo
Teórico” desde la producción conceptual
y la proyección de obra, “Azul Phtalo”
desde la performance y la acción en lugares no convencionales
de exposición. Desde esas propuestas vienen trabajando
obras individuales que permiten hacer una reflexión
sobre la imagen fotográfica, medio que finalmente es
sólo luz y vacío. El vacío actual de
la imagen por su abundancia cotidiana también es algo
a sostener continuamente.
¿Podría describir cómo fue el
proceso de trabajo, sobre todo si tenemos en cuenta la distancia
con la cual se desempeñó para hacer concreto
el proyecto? En este sentido, ¿cómo vivió
dicha experiencia?
Fue un proceso extrañamente agradable. Desde la convocatoria
tuve una respuesta inmediata de los artistas, quienes tenían
muy bien organizado su material de registro, así que
pude trabajar muy bien el proyecto. Viaje tres veces en tres
meses, tiempo que duró el intermedio entre la decisión
del jurado y la inauguración de la muestra. El primer
viaje fue pura y exclusivamente para decidir la obra final
de cada artista, por lo tanto fui a cada uno de sus estudios
para dialogar sobre las obras que fueron luego producidas
para la muestra. Con todos pude trabajar muy bien, en general
creo que estos encuentros potenciaron las obras, al menos
eso fue lo que intenté.
El segundo viaje fue para relacionarme con el CCEC, con el
que no tenía un vínculo directo, esta vez trabajé
en la programación de las actividades paralelas a la
muestra: cuatro charlas debate respecto de la actualidad de
la fotografía y un taller de fotografía en gran
formato y estenopeica; así como pude pensar las obras
en el espacio, decidiendo el montaje, la iluminación
y la distribución definitiva.
El tercero fue finalmente para el montaje, situación
que disfruto muchísimo. Aquí no sólo
pude ver concretarse la propuesta, sino que pude trabajar
en el CCEC desde adentro.
¿Cuáles fueron los objetivos del diálogo
entre producciones de artistas jóvenes y sólidos
en el circuito?
El diálogo entre los artistas sucede inevitablemente,
un artista en formación busca referentes y comparte
en su fase de definición los conocimientos de quien
ya está de alguna manera sólido en su producción.
En este caso los diálogos más que por generación
se dan por el tipo de uso del medio fotográfico para
cada obra; ampliando desde la diversidad la concepción
de la fotografía y sus funciones en el campo del arte.
Pascual y Aveta trabajan el ámbito físico de
lo urbano, de lo arquitectónico, como un elemento desde
donde se reflexiona sobre la memoria y el valor de simbólico
de estos espacios. Con procesos e intereses muy diferentes,
logrando obras concretamente disimiles, ambos hablan desde
el mismo lugar fotográfico que registra el espacio
como sujeto del relato.
Repetto y Sánchez Goldar trabajan desde lo performático
de la imagen; aquí la fotografía sirve de registro
documental de la obra, pero el verdadero valor está
en la acción y no en la huella. Inevitablemente estas
obras no pueden dejar de prescindir del video y lo fotográfico
como medio para relatar la acción.
Martín y Gilardi trabajan sobre la infancia, ambos
desde lugares opuestos de la técnica, abordan el recuerdo
de aquellas situaciones o lugares que nos constituyen desde
los cimientos.
Petroni, con una obra netamente conceptual, dialoga con el
texto curatorial, ya que sus múltiples citas organizadas
cronológicamente abordan las diversas corrientes filosóficas
que han pensado el acto fotográfico y desde allí
la práctica curatorial tiene como objetivo plantear
las diversas funciones de la fotografía y ampliar su
definición.
¡Cuál fue la forma de trabajo que se
planteó, teniendo en cuenta que la actividad fue coordinada
por Andrea Ruiz? ¿Conocía ya a la coordinadora?
¿Cómo fue la experiencia de trabajar con ella?
La conocía a Andrea por su trabajo en Cielo Teórico,
no nos conocíamos personalmente. Pero yo admiraba ese
proyecto, para mí fue algo muy esclarecedor como espacio,
a pesar de que no hice allí ningún seminario.
El concepto y el planteo me parecían muy concretos.
Trabajamos muy bien juntas. Fue un diálogo muy enriquecedor,
ya que ella me fue exigiendo cierta solidez que yo, muchas
veces, no tenía. Asimismo, me fue guiando, sobre todo
en lo que se refería al CCEC, y aportó mucho
a la hora de definir el montaje. Me parece lúcida y
a la vez sensata; tiene muy buen trato y eso es importante.
Como profesional en esta área, ¿qué considera
que le deja de positivo la práctica curatorial para
este proyecto y cuáles son sus expectativas?
Como
profesional esta experiencia ha sido muy satisfactoria, ya
que trabajé sin ninguna presión, con un presupuesto
asignado y con el respaldo institucional del CCEC. Creo que,
de alguna manera, fue una situación “ideal”,
poco repetible. En lo personal me ayudó a definirme
finalmente por algo que siempre quise hacer, pero que sentía
inabordable. Me permitió probarme a mí misma
y correr el riesgo de concretar un proyecto personal. Los
resultados han sido positivos, he recibido muy buena crítica
y la gente que visita la muestra entiende la propuesta curatorial,
les gusta… así que seguramente aquí correr
el riesgo valió la pena.
El aporte de las instituciones en la logisticación
y formación de sus equipos técnicos es importante
a la hora de llevar a cabo una exposición, ¿cómo
fue su experiencia con el Centro Cultural España Córdoba?
Honestamente, al estar Andrea como coordinadora mi diálogo
directo con el CCEC fue muy específico. El espacio
es un lujo en ciertos sentidos: el equipo de montaje es impecable,
la institución funciona muy bien internamente y eso
facilita muchísimo el trabajo. A su vez, como era un
proyecto institucional tuve mucho apoyo; la muestra más
allá de la exposición generó una programación
muy intensa que es imposible de llevar a cabo sin la gente
del CCEC.
Obviamente, yo no estaba muy vinculada al CCEC y no es lo
mismo trabajar en un espacio familiar, pero para mí
esto también fue un aprendizaje muy valioso, ya que
las curadurías implican esta capacidad para adaptarse
y saber interpretar a las instituciones desde donde uno está
actuando como un puente entre éstas, el público
y los artistas.
Hace muchos años que reside en Salta, más allá
de su estadía en etapas de formación académica
y profesional en Córdoba, ¿cómo fue el
desafió de hacer una lectura del panorama artístico
cordobés sin tener un contacto directo con el circuito
en sus problemáticas y virtudes?
Creo que mas allá de las diferencias evidentes entre
dos ciudades como Salta y Córdoba, hay problemáticas
que afectan a todo el interior del país, en escala
por supuesto, pero las causas o falencias son las mismas.
Por eso, sin entrar en detalles, es fácil hacer una
lectura de lo que sucede, porque yo trabajo en esto hace varios
años y padezco las mismas cosas.
Lo que también creo es que se interpretó de
manera un poco extraña la propuesta de “10 años
de producción cordobesa”, a mi modo de ver, era
imposible llevar a cabo una tarea exhaustiva en ese sentido
que se pudiera exponer en tres salas. Por ello me concentré
en un recorte subjetivo y específico, que se vuelve
expansivo desde el medio analizado: la fotografía y
sus múltiples funciones en el arte actual.
En la actualidad en Córdoba existe una escasez
de contenidos teóricos, publicaciones y medios especializados
a nivel analítico, donde participen directamente con
sus opiniones e ideas, críticos e investigadores especializados
que fortalezcan y legitimen las producciones actuales. Esto
es importante a la hora de hacer su trabajo como curadora
en el área de la investigación y poder trazar
una línea conceptual/teórica sobre las tendencias
actuales del arte contemporáneo local, con proyección
nacional. Con respecto al título de la muestra, ¿cómo
resolvió este “vacío” y el desafío?
Yo tengo la sensación que uno a lo largo de su producción,
ya sea teórica o práctica, siempre trabaja las
mismas obsesiones que van cambiando de forma, pero que siempre
existen como cimiento de todo lo que uno va haciendo. A este
vacío lo vengo trabajando desde hace años, en
cierto sentido ya me planteaba algunas cuestiones de la muestra
cuando realicé mi tesis de grado hace siete años
en Córdoba. Yo planteo este vacío como algo
natural del proceso creativo, es inevitable afrontarlo cuando
uno termina una obra o una muestra. Al día siguiente
de la inauguración les escribí a los artistas
que me tocaba a mí sostener ese vacío, descifrar
qué venía después, reflexionar y evaluar
lo que había hecho.
Respecto al vacio teórico y a la falta de espacios
desde donde llevar a cabo esta función, creo que es
una de esas falencias a las que me refería anteriormente
como males comunes. No puedo en lo personal resolverlo, pero
continuamente busco espacios desde donde poder llevar a cabo
esa tarea e intento que el conocimiento se viva como un proceso
abierto, no tolero la actitud del saber por saber, no entiendo
el conocimiento fuera de circulación, ya que me parece
algo obsoleto.
Es importante tener en cuenta qué artistas locales,
el ámbito cultural de Córdoba, como así
también la sociedad toman contacto directo con esta
actividad que tiene un valor agregado, los 10 años
de producción del Centro Cultural España Córdoba.
¿Cuál es su deseo, propuesta o qué
considera que dejará la exposición al espectador?
Mi propuesta es abrir la definición de lo fotográfico,
volver evidente nuestra permanente relación con la
imagen, hacer concreta la idea de que todos poseemos conocimientos
del lenguaje fotográfico como productores y como espectadores
(o consumidores); pero que sólo aquellos que vienen
profundizando su investigación con el medio a lo largo
de estos últimos diez años son los que permitieron
este avance en su narrativa desde el campo del arte.
Considerando que parte del trabajo curatorial tiene
la responsabilidad de velar por la relación entre el
artista y el espectador, como así también de
contribuir a la legitimación de un movimiento y obra
determinada, ¿cuál es su compromiso político
e ideológico sobre su actividad a la hora de aplicar
sus conocimientos sobre determinados proyectos?
Sinceramente cuando invité a los artistas tuve tres
prioridades: la calidad de sus obras, la continuidad de producción
y la calidad humana. No me interesan los clichés. Considero
que hay poses caducas que han quedado arraigadas, pero que
no tienen nada que ver con la actualidad del arte. Es complejo
equilibrar un trabajo conjunto entre artistas, instituciones
y público, por ello me interesa especialmente evaluar
la continuidad de producción; un artista que está
en permanente producción comprende lo que está
sucediendo y desde allí es mucho más llevadera
la puesta en común. La experiencia de los artistas
es fundamental, ya que desde ella el diálogo se fortalece
y las obras se potencian cuando un artista es sólido
en su discurso y puede permitir tranquilamente que se realice
un trabajo conjunto con el curador.
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ARTISTAS
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Soledad
Sánchez Goldar
Córdoba - Argentina |
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Gerardo
Repetto
Córdoba - Argentina |
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Manuel
Pascual
Córdoba - Argentina |
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Ana
Gilardi
Córdoba - Argentina |
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Ilze
Petroni
Córdoba - Argentina |
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Hubo
Aveta
Córdoba - Argentina |
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Jorge
Martín
Córdoba - Argentina |
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